lunes, 20 de septiembre de 2021

El Concepto de Cambio Social de Manuel Gómez Morín

 

El Concepto de Cambio Social 
de
Manuel Gómez Morín

Por Bernardo López Ríos * 

 * Católico, Apostólico y Romano, fiel a las enseñanzas de Su Santidad el Papa Francisco, de Su Santidad Benedicto XVI, Papa Emérito, del Concilio Vaticano II y del Magisterio de la Iglesia Católica

Nación y Estado

Iniciaremos con su importante distinción entre Nación y Estado para comprender mejor su particular concepción del cambio social, de la relevancia de la formación de la opinión pública, de la auténtica ciudadanía y del sentido de la historia de México.

Gómez Morín define a la Nación y la distingue del Estado, de la siguiente manera:

La Nación, que no es mito ni figura abstracta, sino gozosa y doliente, próspera o decaída; pero siempre amable y amada realidad viva que fue en nuestros padres, es en nosotros y será en los que nos siguen, con tradición y con destino propios; hogar y camino, refugio y deber. El Estado, por fin, como expresión y estructuración jurídica de la Nación, no como su exactor ni como su opresor; obligado a la justicia, gestor y defensor de su bien, previsor de sus necesidades, baluarte de su derecho, intérprete y conductor de su destino. [1]

Sobre las raíces de la Nación, nos dice Gómez Morín:

“… la Nación como comunidad superior histórica y de futuro, apoyada en dos fuertes raíces que la ligan, una, a la España de los valores eternos, y otra, a la savia más rica del suelo Americano; el Bien Común que engrana y conjunta y supera por la Justicia, la Libertad y el Orden”. [2]

En 1931, cuando Gómez Morín escribía para los jóvenes universitarios, decía: “… la nación que es integración de puros valores íntimos humanos…”[3]

Respecto a la Nación y al Gobierno, señalaba Gómez Morín:

“Ahora, como entonces, la Nación y el Gobierno están separados, son antagónicos; el régimen está caduco, preso en las tramas del convencionalismo que él mismo ha creado, reducido a la banda de los que de él medran y prosperan”. [4]

Para lograr de esta trascendental vinculación entre Nación y Gobierno, se requiere del Cambio Social, como lo entendió y vislumbró Gómez Morín.

El Cambio Social

“Y no he perdido ese sentido de la necesidad de un cambio de estructura y de orientación de la sociedad”, le decía Gómez Morín a Wilkie. [5]

En este sentido, nos son de gran utilidad los conceptos del destacado sociólogo canadiense Guy Rocher, quien ha definido al cambio social como “toda transformación observable en el tiempo, que afecta, de una manera no efímera ni provisional, a la estructura o al funcionamiento de la organización de una colectividad dada y modifica el curso de su historia… la definición que … hemos dado… se muestra ahora bajo su verdadera luz: el cambio social es el cambio de estructura resultante de la acción histórica de ciertos actores o de ciertos grupos en el seno de una colectividad dada”. [6]

El cambio social en el concepto original de Gómez Morín, consiste en lograr la subordinación del Estado a la Nación, y para lograrlo se requieren estrategias bien definidas que deben ser persistentemente llevadas a la práctica, pues Gómez Morín es un hombre que une teoría y práctica.

“… la de lograr, en suma, dentro del sistema constitucional vigente, que el Estado sea, en su formación y en su funcionamiento, la más genuina representación posible de la Nación verdadera”. [7]

“Otros muchos caminos hay para obtener la subordinación real y constante del Estado a la Nación y para lograr la expresión mejor de la voluntad de ésta; pero el camino establecido en México es el de la representación, y mientras ésta siga siendo la burla repugnante que ha sido, México seguirá irremisiblemente escindido en dos porciones ajenas y hostiles: 

la de los que trabajan y piensan y crean, y son el cuerpo y el alma de la Nación, y la de los adueñados del poder Público y atribuyéndose además - lamentablemente con efectos jurídicos y prácticos inevitables - el nombre de México, lo oprimen y lo violentan, lo desfiguran o lo entregan, y en una escala descendente de apetitos, lo arruinan y empobrecen a la vez que ellos forman enormes, aunque irremisiblemente precarias, fortunas”. [8]

“Y el camino legítimo para procurar ese cambio es el de la elección. Y el medio adecuado para alzar la opinión pública, en un país de tan escasa preparación política como el nuestro; para levantar frente a las fuerzas organizadas del Poder una expresión inequívoca de la voluntad ciudadana, es el de una lucha electoral que al mismo tiempo simplifica y concentra los objetivos de la acción y permite reunir no sólo por las razones positivas de un programa idéntico, sino aun por las puramente negativas de una inconformidad con lo actual, el mayor número de voluntades”. [9]

Siguiendo a Guy Rocher, diremos que los agentes del cambio social, son las personas, los grupos, las asociaciones que introducen el cambio, lo sostienen, lo fomentan o se oponen a él. Los agentes son los actores y los grupos cuya acción social reviste, en ciertos aspectos, las características propias de una acción histórica. “Se trata de los actores y grupos cuya acción está animada por objetivos, intereses, valores, ideologías que tienen un impacto sobre el devenir de una sociedad”. [10]

“De allí la necesidad, origen de nuestra Agrupación (el Partido Acción Nacional), de definir una doctrina, precisar una posición programática fundamental, promover la adopción integral de un nuevo estilo de vida, dar a la conducta individual y a la acción colectiva una nueva tonalidad, recuperar para la Nación entera un sentido de origen, de trayectoria, de destino, que parece haber perdido”. [11]

“Así nació Acción Nacional. No para defender los antiguos bastiones, refugio del último repliegue defensivo en la deserción de la vida pública, sino para desbordarlos y lanzar contra la horda asaltante, el ataque sin fin y sin descanso de un recto concepto actuante del hombre, del Estado, de la autoridad, de la nación; para acreditar la infatigable supervivencia de la verdad; para construir con la múltiple abundancia de las formas sociales auténticas, la Ciudad armoniosa; para reemprender el genuino camino de nuestra historia; para que México, la Nación y los hombres, volvieran a tomar en sus manos su propio destino intransferible, inexpropiable”. [12]

La Ciudadanía

Como se ha visto, este punto es particularmente importante, si tomamos en cuenta que el Estado democrático anhelado por Gómez Morín, es un Estado de ciudadanos auténticos, porque:

“… pensamos en la necesidad de revisar todo el problema político de México, porque en la base de ese problema está la falta de ciudadanía: no habíamos sido formados ciudadanos; no teníamos antecedentes de ciudadanía. Primero, los años de la Colonia, en los que nos tocaba callar y obedecer y nada más. Después, a raíz de la Independencia, empezaron las guerras civiles; luego la época de la Intervención y las guerras extranjeras. No tuvimos ocasión de organizar nuestra democracia…

Treinta años de porfiriato que no creó, y ésa fue su culpa mayor, espíritu cívico. Siguió el breve paréntesis de Madero, como un relámpago. Y después la Revolución y los caudillos militares. Pensamos que era indispensable reconocer esa realidad y empezar el trabajo desde la raíz: la formación de conciencia cívica. Decidimos, así, la organización del Partido”. [13]

La Opinión Pública

Para Gómez Morín, lograr la formación de una auténtica opinión pública de los ciudadanos, de ciudadanos conscientes de sus derechos y de sus deberes, es fundamental para alcanzar un régimen político democrático. Por ello, el hecho de que el PAN no lograra ganar las elecciones, es algo previsto por Gómez Morín, quien ve en la participación del Partido a un instrumento de socialización política.

“… ha sido indispensable procurar la existencia de un verdadero Estado nacional. Luchar por lograrlo es obligación perentoria. Que esa obligación incluya o no entre las formas de lucha, la participación misma en las elecciones cuando faltan totalmente las seguridades mínimas de posibilidad y de respeto para el voto, o si la lucha ha de orientarse exclusivamente en el sentido de crear una fuerza incontrastable de opinión que imponga la reforma rehusando entre tanto toda participación con la campaña electoral próxima, será asunto que esta Convención habrá de resolver y que el comité Nacional no ha podido decidir unánimemente…” [14]

Después de haber participado en varias elecciones y a pesar de la acostumbrada presencia del fraude electoral por parte del PRI, continuaba la persistencia, el ánimo inquebrantable y motivador de Gómez Morín, gracias, en gran medida, a su visión del cambio social a través de la formación de la opinión pública de la ciudadanía, dirigida a la consolidación de un Estado de Derecho, lo cual constataba él mismo al señalar que:

“El resultado de estas experiencias electorales no fue la confirmación por el fracaso, de la apatía desesperada, sino al contrario, el reencendimiento de la voluntad ciudadana de lucha; ese resultado enseña la posibilidad y la urgencia de fortalecer doctrinal y programáticamente y con cuadros firmes, responsables y permanentes, a la opinión pública, no sólo para capacitarla a exigir con vigor incontrastable el cambio de la situación actual, la creación de NUEVAS INSTITUCIONES que abran la posibilidad jurídica del sufragio, sino capaz de dar a esas instituciones vida y eficacia humanas, posibilidad de cumplimiento práctico valioso, ordenado al bien, apoyo inquebrantable en una verdadera conciencia política nacional y en un responsable esfuerzo de inteligencia y cumplimiento del deber político”. [15]

Y esto con el fin de lograr la concordancia Estado-Sociedad:

“… porque es apremiante en grado sumo, porque es de urgencia vital la reordenación de nuestra vida pública en todos sus aspectos conceptuales y prácticos, desde el sufragio y las garantías mínimas de la persona humana, hasta la precisión de la naturaleza y los fines del Estado, su concordancia y vinculación con el ser verdadero de la sociedad y su posibilidad de representar y guiar, de expresar y proteger los intereses perennes de la Patria”. [16]

Años después y con mayor experiencia,  respecto a la formación de la opinión pública que buscó formar, sabiendo  bien que todavía pasarían muchos años, reafirmaba convencido:

“Efectivamente nos ha reforzado siempre en nuestra tesis de que lo importante es formar opinión pública, organizarla, darle voz, darle programa, darle instrumentos legales, eficaces, de acción. El día que esto se logre, será posible pensar en una organización democrática en México”.[17]

Aquí resulta interesante recordar lo Gómez Morín le escribía a Vasconcelos la histórica carta de 1928, en términos de análisis de una experiencia histórica:

“El ambiente que había en México en 1920 era admirable. Un gran movimiento de opinión expulsó al carrancismo del poder y, a pesar de su apariencia militar, ese movimiento fue, en realidad, una ola de indignación moral en contra de los métodos carrancistas. Pudieron llegar al gobierno personas como usted, y durante algún tiempo, al menos, fue posible desarrollar en el gobierno una tarea libre orientada”.[18]

Krauze recuerda que ya desde su juventud, Gómez Morín, insistía “en criticar las sesiones a puerta cerrada de las cámaras, que hacían a un lado, según pensaba, a la opinión pública”.[19]

El Artículo 3º Constitucional

La implantación de la educación socialista ocasionó al gobierno del General Cárdenas, aparte de la oposición de los padres de familia, muchos trastornos: atentados en las escuelas oficiales, persecución y asesinatos de maestros rurales, brotes rebeldes, especialmente en el Estado de Jalisco.

Gómez Morín califica como la falta mayor del régimen, lo hecho en educación:

“Es claro que el Señor Presidente de la República no tuvo ocasión de leer la Ley Reglamentaria del Artículo 3º. Constitucional aprobada por el Congreso, ni sabe lo que realmente pasa en la Secretaría de Educación, las cuales atacan las convicciones religiosas, la libertad de pensamiento filosófico, la unidad de la familia y la conservación de su peculiar y venerado perfil en México, las prerrogativas esenciales para la dignidad de la persona humana, el decoro del magisterio y su capacidad para cumplir la altísima misión social que le está encomendada, y la libertad espiritual indispensable no sólo para toda obra real de cultura, sino para la constitución y la vida mismas de la Patria”. [20]

Estas no son diatribas - le dice Gómez Morín - motivadas por un sentimiento de oposición. “Son consideraciones absolutamente irrefutables que el Señor Presidente, como todos los mexicanos, pueden comprobar fácil y plenamente con sólo leer el texto increíble del Artículo 3º. de la Constitución, fraudulentamente reformado en 1934, y el texto grotesco de su llamada Ley Reglamentaria…” [21]

El texto del artículo 3º. Constitucional decía entonces: La educación que imparta el Estado será socialista y además de excluir toda doctrina religiosa, combatirá el fanatismo y los prejuicios, para lo cual organizará sus enseñanzas y actividades en forma que permita crear en la juventud un concepto racional y exacto del Universo y de la vida social.

Tanto el PAN como Gómez Morín se anticiparon 9 años a la Declaración Universal de los Derechos Humanos en lo relativo a educación. Así, años más tarde, en la década de los 60’s, diría Gómez Morín:

“Del artículo 3º. yo no quiero opinar; dejo que opinen la UNESCO y la ONU y la Declaración Universal de los derechos del Hombre: eso es bastante. No necesito decir más. Lo que tendría que decir es tan rudo, tan duro, que prefiero no decirlo. Sólo cabe en una mente primaria el texto primitivo del artículo 3º. constitucional. El texto actual, aunque ya está un poco modificado, todavía sigue siendo absurdo; pero no es aquel que decía que había que darles a los niños “el conocimiento racional y exacto de la vida, del hombre y del universo”. ¡Nada más!”[22] 

También recuerda Gómez Morín el Grito de Guadalajara, en el que Calles, poco antes de entregar la Presidencia a Cárdenas, “llegó a decir que los niños eran del Estado; que el Estado tenía la obligación y el derecho de formarles su mentalidad y su conciencia… No creo que haya sido una tesis nacionalista la que se perseguía, sino una tesis dictatorial: tener el control absoluto, desde la niñez, para que ya cuando llegaran a la mayoría de edad estuvieran habituados a callar y obedecer”. [23]

Tal vez en la entrevista con Wilkie, al negarse a opinar sobre el artículo 3º, Gómez Morín estaba recordando lo que había dicho en 1941, cuando señalaba que “el propósito real de ese artículo y de su ley reglamentaria… es deformar el alma de los niños y de los jóvenes, achatar su espíritu, quebrarles desde pequeños la espina dorsal, matarles la fe en los valores terrenos - padres, familia, patria - y en los infinitos y eternos!…

Todos estos textos absurdos, sectarios y grotescos, toda esta maraña de necedades… y las circulares de la secretaría de Educación; esos monumentos de mentira, de estupidez y de mala gramática que son los libros de texto, no tienen otro fin que desterrar de la enseñanza los conceptos básicos y verdaderos, indispensables para la formación integral de los niños y para la existencia misma de la ciencia.

Todo ese sectarismo cobardemente disfrazado de cientificismo, no es, además sino un intento de instauración, basado en una amalgama de filosofía social falsa, y de doctrinas económicas sin substancia, de tesis políticas muy concreta y certeramente dirigidas a hacer posible un régimen de esclavitud y de explotación permanentes”. [24]

Iglesia y Educación

Siguiendo su acostumbrado análisis histórico, menciona el punto sobre la Iglesia  y la educación en México:

“Respecto al papel del clero - yo diría el papel de la Iglesia -, el papel histórico, obviamente durante todo el tiempo de la Colonia y durante los primeros sesenta años de la historia independiente, la obra educacional más importante estuvo siempre en manos de la Iglesia”. [25]

Al respecto, recuerda de José Vasconcelos, Secretario de Educación en tiempos de Obregón, “que decía, y creo que tiene  toda la razón: si le dieran a los jesuitas de la Misión de la Tarahumara la décima parte de lo que el gobierno gasta en sus supuestas misiones en la Tarahumara, ya todos los tarahumaras sabrían leer y escribir y tendrían casa y vestirían bien, y serían buenos agricultores”. [26]

Seguramente para Gómez Morín, estas atinadas ideas de Vasconcelos tuvieron una especial significación, sobre todo si consideramos que con los indígenas en “la zona de la Tarahumara constantemente se está en contacto… Quizás algunas de las primeras palabras que aprendía un niño en mi tiempo, en Batopilas, eran rarámuri - en lengua rarámuri -, en lengua tarahumara. La primera nana que yo tuve fue una muchacha tarahumara… Todos los que viven allá tienen la oportunidad de verlos de cerca y tratarlos, si no son de las gentes que van a molestarlos y a explotarlos”. [27]

Más adelante aclara Gómez Morín que sería “absurdo pensar que en la vida moderna el Estado no tuviera o no quisiera tener atribuciones en materia de educación. El Estado tiene deberes y derechos muy claros en materia de educación, y no puede abandonar los deberes ni puede dejar de ejercitar sus derechos. Yo no veo que exista un conflicto de ninguna manera irremediable entre la Iglesia enseñante y el Estado en un papel de rector, de director, de impulsor en materia de educación, como en todo lo demás.

Y en un país en que hay tan pocos elementos, donde han faltado tantas escuelas y maestros, y siguen faltando, no sé por qué podrían cerrarse las escuelas católicas.

Creo que la reforma del artículo 3º. que ha propuesto Acción Nacional es la única correcta… es una cosa no sectaria; es decir, nosotros no queremos la reforma del artículo 3º. para hacer una cosa antirrevolucionaria. ¡Si el México actual es hijo también de la Revolución, y yo digo que nosotros no queremos la historia mutilada! La queremos hasta con Cárdenas y con Calles, y con todo lo que es nuestro, querámoslo o no”. [28]

Los Libros de Texto  Oficiales y 

la Historia de México

Hablando sobre los libros de texto “gratuitos”, ya en la década de los 60’s, Gómez Morín le explicaba a Wilkie que cortan la historia y que  era un gravísimo error “tratar de cortar en dos partes la historia de México. Es única, y los mexicanos de ahora tenemos que heredar glorias y vergüenzas, dolores y alegrías del pasado, de dondequiera que vengan.

Para mí tan importante es, como raíz, como tronco del México actual, España y la Colonia, como las culturas indígenas; quizá más determinantes del México actual la Colonia y la cultura occidental que las culturas indígenas, porque durante siglos permanecieron ocultas, y apenas empezamos ahora a encontrar su sentido: todavía no sabemos descifrar muchos de los glifos mayas, por ejemplo… Sabemos que hay dos raíces de México, la indígena y la española y, cualesquiera que sean los defectos o las virtudes de esas raíces, son nuestras y no admitimos su negación. [29]

Héroes de México han sido Cuauhtémoc y Hernán Cortés, este “con atrocidades, pues claro, si venían en son de guerra.

Lo fueron los primeros doce franciscanos, y después todos los agustinos y todos los franciscanos y todos los jesuitas que abrieron las misiones y que recorrieron el país por todas partes, y establecieron los primeros caminos y las primeras escuelas, y la primera civilización con sentido humano.

Y lo fue el padre Hidalgo, por supuesto, y lo fue en grado superlativo - una figura que han tratado de borrar porque les hace sombra a todos los demás -, lo fue Morelos: era no sólo un héroe en la guerra, sino un héroe también en el pensamiento político y social. Lo fue Iturbide, en cuanto hizo posible la consumación de la Independencia… Justo Sierra; importantísimos fueron don Ezequiel A. Chávez, don Antonio Caso, don José Vasconcelos. Para la determinación del México actual, de la juventud actual… esas tres figuras tienen un valor inmenso.

Nosotros no queremos cortar en dos la historia de México: aceptamos la herencia “sin beneficio de inventario”; la aceptamos con los activos y los pasivos; con lo glorioso y con lo no glorioso; la tomamos íntegra”. [30]

Sobre Benito Juárez, el personaje más importante en la historia oficial, Gómez Morín, con su gran conocimiento y sentido histórico de México, tenía su propia y equilibrada opinión:

“Si se me pregunta a mí cuán admirable fue Juárez durante su estancia en Chihuahua, cuando tuvo que salir huyendo hasta mi pueblo (Batopilas) allá, yo tengo que decir que fue un hombre admirable, que supo mantener el espíritu republicano y de libertad, hasta los confines de la República. Si se me pregunta qué pienso de Juárez, autor de los primeros fraudes electorales, y de los más constantes, puedo decir que fue un mexicano típico del partido oficial.”. [31]

Cabe recordar que Juárez quiso llevar a cabo el Tratado McLane-Ocampo, el cual muestra hasta “qué punto estaba Juárez dispuesto a vender su propio país, a fin de conseguir el reconocimiento de su gobierno por los Estados Unidos, y junto con eso la ayuda económica de todo género”.[32] 

En efecto, el memorándum preliminar para la discusión del tratado señala claramente que el Gobierno Constitucional consentirá en traspasar la soberanía sobre dicho territorio (Baja California) a los Estados Unidos… los mismos Estados Unidos gozarán de un derecho de vía perpetuo a través del Istmo de Tehuantepec, entre otras concesiones. “El Tratado McLane-Ocampo no logró obtener la ratificación del Senado de los Estados Unidos… sin embargo, Juárez había logrado el reconocimiento de su gobierno de parte del Presidente Buchanan… 

Francisco Bulnes llama al Tratado McLane-Ocampo un pacto intervencionista para intervenciones continuas desde el momento en que los Estados Unidos quedaron autorizados a encargarse de conservar perpetuamente la paz en México”.[33]

Además, a Benito Juárez se le ha llamado el “benemérito de las Américas”, porque así lo decretó una Legislatura de Colombia, que no tenía ni podía tener jurisdicción en las demás naciones del Continente, y no tenía por tanto, autoridad para darle un título que fuera reconocido por todas ellas.[34]

Y añade Gómez Morín:

“Juárez no es todo luz, tiene también sombras. Tampoco es pura luz la Revolución. Ni los héroes ni la historia, en ninguna parte, son pura claridad. Los mejores tienen mucho que hacerse perdonar. Es irreal, es inhumano, es antisocial pensar en la historia o los héroes de otro modo. Y es inicuo obligar a un pueblo a adorar a unos hombres de la historia y odiar a otros, y a hacer de ello un motivo actual, permanente, de división nacional”. [35]

 Notas

Artículo publicado en Palabra, Revista doctrinal e ideológica del Partido Acción Nacional, Año 16, No. 63, enero-marzo, México, 2003, pp. 19-29

[1] Manuel Gómez Morín, Diez Años de México (1943), Epessa, México, 1996, p.133

[2] Ibid., (1940), p. 68

[3] Enrique Krauze, Caudillos culturales en la Revolución Mexicana, Siglo XXI, México, 1994, op. cit., p. 335

[4] Ibid., (1940), p. 60

[5] James W. Wilkie y Edna Monzón de Wilkie, México visto en el siglo XX: entrevistas con Manuel Gómez Morín, JUS, México, 1989,p. 45

[6] Rocher, Guy. Introducción a la Sociología General, editorial Herder, Barcelona 1979, pp. 414 y 416

[7] Diez Años de México (1943), p. 124

[8] Ibid., (1943), pp. 134-135

[9] Ibid.,(1939), p. 11

[10] Rocher. op. cit. p., 418

[11] Diez Años de México (1940), p. 57

[12] Ibid., (1941), pp. 85-86

[13] Wilkie, op. cit., pp. 55- 56

[14] Diez Años de México (1943), p. 136

[15] Ibid., (1944), p. 148

[16] Ibid., (1944), p. 157

[17] Wilkie, op. cit., p. 67

[18] Krauze, 1994, op. cit., p. 276

[19] Ibid., p. 89

[20] Diez años de México (1940), pp. 29-30

[21] Ibid., (1940), p. 30

[22] Wilkie, op. cit., p. 117

[23] Ibid., pp. 42-43

[24] Diez Años de México (1941), pp. 101-102

[25] Wilkie, op. cit, p. 117

[26] Ibid., p. 33

[27] Ibid., p. 10

[28] Ibid., pp. 117-118

[29] Ibid., pp. 113 y 136

[30] Ibid., pp. 113-114

[31] Ibid., pp. 114-115

[32] Joseph H.L. Schlarman, México, Tierra de Volcanes, de Hernán Cortés a Miguel de la Madrid Hurtado, Porrúa, México, 1993, p. 359

[33] Ibid., pp. 360-361

[34] Cf. García Gutiérrez, Jesús. Apuntes para una vida del Lic. Benito Juárez, (s.f.), p. 3

[35] Wilkie, op. cit., p. 115


jueves, 15 de enero de 2015

Las “plurinominales” y los señalamientos de Manuel Gómez Morín y de Adolfo Christlieb


Manuel Gómez Morín 
(1897-1972)


Adolfo Christlieb Ibarrola 
(1919-1969)



Las “plurinominales” y los señalamientos de 
Manuel Gómez Morín y de Adolfo Christlieb

Por Bernardo López Ríos *

* Católico, Apostólico y Romano, fiel a las enseñanzas de Su Santidad el Papa Francisco, de Su Santidad Benedicto XVI, Papa Emérito, del Concilio Vaticano II y del Magisterio de la Iglesia Católica

En una ocasión Adolfo Christlieb Ibarrola (quien fuera Jefe Nacional del Partido Acción Nacional y de quien dijo Luis González Morfín, SJ, que lo que tenía de simpático, de sabio y de santo lo tenía de mal hablado) se presentó ante Gustavo Díaz Ordaz, que era presidente de la República y le dijo:

-         Los felicito, hijo de tal por cual...
-         ¿Por qué? – preguntó Díaz Ordaz...
-         Porque ya encontró usted la forma de corrompernos desde dentro.
-         ¿A qué se refiere?
-         ¡A los diputados de partido!, remató Christlieb.[i]

Al respecto, Luis González Morfín, SJ, señalaba en 1997:

¡Fíjense qué grave!:

“¡ya encontró usted la forma de corrompernos desde dentro!”.

“Y ustedes saben perfectamente que hay gente que dice:

“Ah, no, yo diputado, candidato a diputado para una candidatura de mayoría, ah, no, yo no, a mí dénmela de “pluri”…”

“¿No? Ustedes saben que es verdad esto. No estoy exagerando.

“Y cuántas de las gentes que están llegando ahorita al partido (en 1997) no tienen ¡ni idea! de lo que es el partido.

“De veras: ven el momento, olfatean el momento en que el PAN va a ganar en tal lado, se meten. Yo no sé cómo le hacen; ganan la candidatura, ganan la elección y…

“¡Dios mío!, llegan (hasta el) Congreso local”.[ii]

Ya han pasado 17 años desde que Luis González Morfín, SJ, hiciera estas reflexiones y señalamientos.

Recordemos que los “diputados de partido” fueron el antecedente de los escaños llamados “plurinominales”.

Hasta 1964 la Cámara de Diputados se integró de acuerdo con el principio de mayoría relativa, pues a partir de ese año comenzaron a ser elegidos los llamados “diputados de partido”, siguiendo las reformas a la ley federal electoral de 1963.

La última legislatura integrada conforme al régimen de diputados de partido fue la de 1976.

Con la reforma política de 1977 se modificó sustancialmente el procedimiento legal para elegir a los diputados. A partir de 1979 se utiliza un sistema mixto que combina el sistema mayoritario con el sistema de representación proporcional.[iii]

Sobre este importante tema vale la pena recordar el juicio de Manuel Gómez Morín recogido en las entrevistas que le hicieron los historiadores y esposos Wilkie:

-         Según la reforma electoral, ustedes ya sólo ganaron una curul en la Cámara y diecinueve de partido; eso representa un retroceso, ¿no? Porque, aunque en efecto, tengan más diputados, ganaron un número menor por mayoría electoral.

-         Era manifiesto, desde que se hizo la reforma de los diputados de partido, que el PRI y el gobierno harían lo posible porque no se reconocieran diputados de mayoría de Acción Nacional.

Creo que una de las razones prácticas que tuvo el gobierno para aceptar la idea de los diputados de partido, fue que con ello no necesitaba reconocer la derrota de ninguno de sus candidatos; podía darles el triunfo, aunque no hubieran triunfado, a todos sus candidatos, y luego designar como diputados de partido a los diputados nuestros que hubieran ganado.

Personalmente yo no creo en la representación proporcional; creo que es muy difícil de manejar, creo que puede pulverizar la organización ciudadana, que hace cada vez más imposible el funcionamiento normal de dos partidos; creo preferible el régimen de dos partidos.

Pero tampoco quisimos oponernos a la idea de los diputados de partido, porque podía ser el principio del cambio de una situación que ya había llegado a ser intolerable, y efectivamente, la experiencia parece comprobar que sí puede ser un camino.[iv]





[i] Luis González Morfín, S.J. Ética y Valores en la práctica política, EPESSA, México, 1998, p. 39
[ii] Ibid., p. 40
[iii] Cf. Bernardo López Ríos, La composición de los partidos minoritarios en la LII Legislatura (1982-1985). Un aporte al estudio de la élite política mexicana, tesis de licenciatura en sociología, UNAM, México 1987
[iv] James W. Wilkie y Edna Monzón de Wilkie, México visto en el siglo XX: entrevistas con Manuel Gómez Morín, JUS, México 1978, p. 120

miércoles, 29 de enero de 2014

El PAN y la Socialización




Responsabilidad Social, Socialización y

Economía Social de Mercado


Por Bernardo López Ríos *

* Católico, Apostólico y Romano, fiel a las enseñanzas de Su Santidad el Papa Francisco, de Su Santidad Benedicto XVI, Papa Emérito, del Concilio Vaticano II y del Magisterio de la Iglesia Católica

Sabemos,  pues, que es posible la lucha contra el desamparo y la miseria y que esa lucha  es nuestro deber, deber de todos y de todos los momentos. 

En ella, el dato central del esfuerzo propio es el ejercicio de las virtudes, de las cardinales y de las teologales; pero como empresa colectiva, la más valiosa, requiere indagación y conocimientos técnicos, aptitud y limpieza constructivas, organización responsable y sistemática, instituciones maduras y robustas, fieles a su fin, implacable decisión de justicia.

Requiere, pues, programa y dirección, estímulo y defensa, tutela e imperio; autoridad, en suma, que debe ser todo eso y, además, como condición de su propia existencia, libertad, religioso respeto de la dignidad del hombre, profundo sentido del destino común y quemante conciencia de responsabilidad ante Dios. [1]

Manuel Gómez Morín


En su célebre libro de Lecciones de Filosofía del Derecho, el maestro Rafael Preciado Hernández se refiere al fundamento de la responsabilidad en estos preciosos y precisos términos:

“El hombre se reconoce vinculado a su Creador, y de este reconocimiento deriva sus deberes religiosos, en los cuales funda, al mismo tiempo, sus deberes para con sus semejantes y para consigo mismo.

“En efecto: si se reconoce dependiente de su Creador, no puede menos que admitir que las leyes cosmológicas y noológicas que se traducen en el orden del universo que igualmente observa, 

"son la expresión del plan magnífico de la creación en la mente divina, plan que el hombre debe respetar en lugar de intentar trastornar con su actividad...

Insistimos, pues en que los deberes religiosos – que vinculan a la creatura con su Creador –sirven de fundamento a los deberes que el hombre tiene para con sus semejantes y para consigo mismo”.[2]

En la Proyección de Principios de Doctrina del PAN 2002 se expresa claramente que:

“Corresponde a la actividad política el establecimiento de un orden dinámico que respete la libertad y promueva la responsabilidad social como bases para el desarrollo de una comunidad democrática, sustentable y solidaria.

En el Estado de responsabilidad social, los individuos tienen una relación específica con la comunidad que se expresa en leyes aprobadas por autoridad legítima, 

"para ordenar la convivencia social, preservar el bien común y dar efectiva protección a los derechos humanos”.

Ahora bien, esta responsabilidad social obviamente tendrá un peso específico diferente en una sociedad con régimen autoritario o totalitario que en una sociedad con régimen democrático.

Para la concepción democrática de Acción Nacional un concepto fundamental proveniente de la Doctrina Social Cristiana es el concepto de socialización, del cual claramente habló Manuel Gómez Morín:

“Bien sabemos cuán inextricablemente están unidos siempre en la persona humana los datos individuales y los comunitarios, los sociales...

La creciente socialización, en el sentido de la multiplicación y afirmación de los vínculos que unen a los hombres 

"(y de paso, este es el sentido en que el término, que no ha dejado de causar escándalo en ciertos ambientes sociales e intelectuales, es empleado en la Encíclica “Mater et Magistra”);

“la creciente socialización y la importancia acentuada de lo económico, no son datos negativos o minimizantes de la persona humana, de su naturaleza y atributos y de sus deberes y responsabilidades.

“Al contrario, se es más persona cuanto más se está profundamente insertado en la vida de las comunidades: en la familia, en la escuela, en el grupo de trabajo, en la organización profesional, cultural o religiosa.

“El aislado, el lobo solitario, el egoísta, el perezoso, el renuente, son menos personas. Bien lo comprueba el misterio tremendo y consolador de la comunión de los santos.

“Y la persona está más protegida cuanto más firmes son estas comunidades y cuando la red que ellas forman multiplica las defensas contra los asaltos de todo orden que la personalidad puede sufrir, lo mismo de la coacción y de la violencia primaria, que de estas formas nuevas, tan sutiles y venenosas, de la propaganda, la presión y el compromiso”.[3]

El Dr. Manuel Loza Macías, S.J., uno de los mejores expertos de nuestro país en materia de Doctrina Social de la Iglesia, ha explicado de manera amplia y clara el concepto cristiano de socialización:[4]

No hay que confundir la socialización con el socialismo. Para muchos, una y otra palabra se interpretan como sinónimos porque el socialismo postula la socialización de los medios de producción y quizás por ello levantó gran revuelo el empleo de esta última palabra por el Papa Juan XXIII en la encíclica “Mater et Magistra”.

Por otra parte, con frecuencia los sociólogos estadounidenses emplean la palabra socialización para referirse al proceso de mutua influencia entre una persona y su medio social.

Es el proceso mediante el cual el individuo se adapta a los modelos de comportamiento en las relaciones sociales de un grupo y mediante el cual, a su vez, las relaciones sociales de su grupo se adaptan al individuo.

Hablan de lo que propiamente debería llamarse "sociabilización". De este concepto prescindimos ahora.

Abordaremos el concepto de socialización definido como:

"un proceso histórico caracterizado por el incremento de las relaciones sociales"; es decir, como

"la progresiva multiplicación de las relaciones de convivencia, con la formación consiguiente de muchas formas de vida y de actividad asociada que han sido recogidas, la mayoría de las veces, por el derecho público o por el derecho privado".

Se trata de un proceso que tiende a implicar más y más al individuo en su responsabilidad hacia el bien común.

Categorías sociales y socialización


Cada sociedad tiene algunas categorías que la distinguen de otra, o de sí misma en distintas épocas, y que sirven como un índice de su posición en el proceso de socialización. Enumeraremos algunas:

El ámbito de lo privado y de lo público

En sociedades en las que las relaciones sociales son pocas, elementales, poco evolucionadas, el ámbito de lo privado es muy amplio, ya que cada individuo y su familia deben valerse por sí mismos para subsistir.

La comunidad o grupo social interviene poco en la vida de los particulares.

El derecho, no siempre explícito o escrito, se reduce a proteger la intimidad de las decisiones individuales mientras no perjudiquen a las decisiones libres de los demás.

Por eso, mientras lo privado es muy amplio, lo público es muy reducido: proteger a unos individuos del abuso de los demás, proporcionar los elementos de seguridad y prosperidad común y proteger al grupo de otros grupos ajenos.

A medida que el proceso de socialización avanza hay una tendencia a que el ámbito de lo público se incremente con mengua de lo privado. La comunidad se va apropiando asuntos que antes eran del dominio privado.

¿Hasta dónde?

Teóricamente el proceso sólo tendría como límite el momento histórico en que todo lo privado cayera bajo el rubro de lo público.

De hecho, históricamente, en el conjunto de las diversas naciones del orbe nos encontramos con sociedades que están en diversos momentos de este proceso de socialización:

no hay ninguna que esté en el punto "cero socialización" y no hay una sola que haya llegado al punto "total socialización", por eso no vemos sociedad en que todo sea del dominio privado ni sociedad en que todo sea del dominio público.

Libertad y seguridad

El hombre de una sociedad con reducidas relaciones de convivencia, tiene como preocupación básica la defensa de su libertad para actuar en el medio social.

Precisamente porque la convivencia es difícil, se desconfía de los demás y toda intervención del grupo en la vida del individuo aparece como una opresión.

Cuando el proceso avanza por el camino de las relaciones de convivencia, aparecen las formas asociadas de vida y de actividad, en las cuales el individuo encuentra la protección de su persona y su realización humana: no le da tanta importancia a su libertad, inclusive llega a abdicar de ella en aras de la seguridad.

Signo de este proceso es la multiplicación de los "seguros", mediante los cuales se transfiere a otros la responsabilidad de cuidar en el futuro de sí mismo y de los suyos, aunque este traspaso de responsabilidad implique una merma de su libre responsabilidad.

También es indicativo este paso de la libertad a la seguridad, para saber en qué grado de socialización está una nación.

Propiedad y trabajo

En una sociedad poco socializada la propiedad privada es de vital importancia para el individuo.

Sin ella no vale nada frente a los demás, no es libre y su privacía desaparece para quedar convertido en un sujeto de "caridad o beneficencia pública".

En esa sociedad no existe la función social de la propiedad privada, puesto que lo que cada uno busca en ella es su función individual de supervivencia.

El trabajo, si no es menospreciado, sí es visto como un medio para alcanzar la propiedad privada y así poder ser alguien en la sociedad.

Cuando la sociedad se socializa, el hombre tiende a destacar en ella por el trabajo y mediante él alcanzar seguridad, la máxima posible, aun cuando los asuntos de trabajo y propiedad pasen al dominio público.

Puede asegurarse que lo que pierde en estima la propiedad, lo gana el trabajo a medida que el proceso avanza.

Las medidas legales, las formas de sociabilidad como uniones entre personas, las medidas de saneamiento y desarrollo favorecen más a los trabajadores que a los propietarios.

¿Hasta dónde?

Actualmente no hay ningún país en que haya desaparecido toda propiedad privada, ni siquiera de los medios de producción, y en el que sólo se tenga en cuenta el trabajo; como tampoco hay ninguna sociedad en que sólo haya propiedad privada y trabajo esclavizado.

Producción y consumo

La actividad económica mediante la cual los hombres procuran incrementar la aprovechabilidad de los bienes naturales para satisfacer las necesidades de la sociedad, también sufre un cambio en la socialización.

Cuando ésta comienza, el énfasis de la actividad económica se pone en producir y se deja al libre juego del mercado la distribución de sus productos.

Y es natural: ya que siendo pocas las relaciones sociales, lo más urgente es producir para sí y de lo sobrante obtener, por el cambio o el ahorro, lo que puede faltar para hoy y para mañana.

Cuando la socialización se incrementa, el énfasis de la actividad económica incide en la distribución. Y es también natural: las comunicaciones masivas, las producciones masivas, las relaciones más complejas de unos hombres con otros implican la responsabilidad de que no haya quienes se mueran de hambre, mientras otros despilfarren los frutos de la riqueza creada por todos los socialmente relacionados.

La aparición de la preocupación por la desigualdad de ingresos y sus consecuencias, son otros tantos signos del grado de socialización en que se halla una sociedad.

De allí nacen políticas de protección al consumidor, controles de precios, reglamentación de la calidad, congelación de rentas, etc.

Vida rural y urbanización

El incremento de relaciones sociales, muchas de ellas causa y efecto de la producción y de la distribución masivas, han traído el alejamiento de la vida rural y la creación de las grandes urbes: la gran fábrica, los grandes edificios para la vivienda, la playa o los campamentos para las vacaciones, el colegio y la gran universidad para los jóvenes, las diversiones y los deportes se vuelven también multitudinarios.

El aumento del porcentaje de población rural comparado con el porcentaje de población urbana es también un buen índice del proceso de socialización.

Competencia y planeación

Frente a la competencia como instrumento de promoción individual y social, aplicada en todos los órdenes de la vida --en la producción lo mismo que en la educación-- el proceso de socialización lleva a la solidaridad con el grupo y con la sociedad entera.

Se pasa de la emulación basada en tener más destruyendo a los demás, a la emulación por ser más solidario en la elevación de todo el grupo.

Por lo que de un mercado dejado al azar, en el que los más fuertes sobreviven, se pasa a la planeación de la mejor utilización de los recursos para un mercado ordenado y se puede llegar hasta una planeación totalitaria, que ya no es en bien de todos.

Utilidad y servicio

Íntimamente ligado con lo anterior está el que en la sociedad poco socializada, se busque a través del mercado libre la mayor utilidad o ganancia en la lucha destructiva: 

máxima ganancia, mínimo costo y predominio en el mercado con tendencia al monopolio, oligopolio y toda clase de medios que conduzcan al mismo fin.

Por otra parte acontece que al incrementarse el proceso de socialización aparezca la tendencia de ser más por el servicio a los demás.

Estado limitado y Estado interventor

Cuando la socialización está en sus inicios o es casi nula, el Estado no aparece por lo que toca a su aspecto interventor, sobre todo en lo económico.

Lo que es lógico, dado lo raquítico de las relaciones sociales y lo fuerte que se presenta la dinámica social de la competencia.

El papel del Estado es puramente el de un árbitro que deja hacer mientras se guarden las reglas elementales de la competencia.

Pero a medida que las relaciones sociales se acrecientan y se complican, cuando aparece la necesidad de una planeación para regular el consumo equitativo, cuando la aspiración a la seguridad con limitación de la libertad, se generalizan, el Estado asume un mayor cúmulo de responsabilidades y de actividades, principalmente en lo económico.

El Estado totalitario constituye el maximum de esta intervención.

Justicia conmutativa y justicia social o distributiva

Cuando una sociedad vive los primeros pasos de la socialización la virtud que más se valoriza es la de la justicia conmutativa, porque con ella se regulan las transacciones en su máxima igualdad, sin tomar en cuenta las condiciones más o menos boyantes de las personas que intervienen en los intercambios.

La frialdad de esta justicia cae dentro del marco de la impersonalidad, competencia, ámbito de lo privado, libre contratación y protección del derecho a la propiedad privada.

A medida que la socialización avanza, la justicia conmutativa no basta y se enfatiza el valor de la justicia social o distributiva en que la repartición de lo producido en la sociedad se pretende hacer llegar a todos conforme a sus necesidades, ya que esta justicia tiene su fundamento en la dignidad de la persona humana.

Aquí, como en las otras características del proceso de socialización, hay teóricamente un extremo, en el cero de socialización, en que sólo regiría la justicia conmutativa y otro extremo, el opuesto, en que sólo regiría la justicia distributiva.

En los demás estadios se con juntan las dos virtudes, con mayor o menor acentuación en el ejercicio de una u otra, según sea lo atrasado o lo avanzado de la socialización.

Empresa privada y empresa pública

La aplicación de las anteriores notas se puede apreciar en la empresa.

La empresa privada existe sola o predominantemente en los estadios iniciales de socialización y tiende a ser suplementada por la empresa pública en los estadios más avanzados del proceso de socialización.

Así que la empresa misma refleja en su estructura el ambiente en que la sociedad vive.

En los inicios de socialización: empresa orientada al lucro, con autoridad vertical dependiente de los dueños del capital, con poca comunicación, con una competencia desmedida, con nula participación de su personal y opuesta a la intervención estatal.

En estadios intermedios de la socialización: empresa orientada a la ganancia como remuneración por un servicio, interés por la promoción de su personal, comunicación interna, competencia libre mezclada con intervención estatal, participación de su personal y convivencia con la empresa pública.

En estadios muy avanzados de socialización: empresa pública con la única orientación de servicio, planificación total, máxima intervención del Estado, etc.

Los organismos intermedios

Ni en los inicios de la socialización ni en su culminación se concibe la existencia de los organismos intermedios.

Estos son por definición formas de vida social cuyo fin es formar, unir, servir, informar y representar a sus asociados, completando cuanto aislados no podrían obtener pero si en su agrupación, sin necesidad de que el Estado los absorba.

Pero en los inicios no existen estos organismos por ser formas superiores de relaciones sociales. Y en los últimos estadios no existen tampoco, pues serían un obstáculo para la completa absorción del individuo por la comunidad.

Precisamente por sus características, los organismos intermedios aparecen en el proceso de socialización en las sociedades que viven una socialización intermedia, cuando se quiere conjugar, por una parte, los beneficios del grupo y por otra evitar pérdida de la identidad humana por la masificación.

Entre los organismos intermedios se encuentran partidos políticos, sobre los cuales el maestro Rafael Preciado Hernández afirmaba:

“Especialmente la tercera manifestación del progreso humano nos permite ver, con cierta claridad, el papel tan importante que en la organización de la vida social representan los partidos políticos.

“Para hacer posible la participación consciente y libre de los miembros de una comunidad en el gobierno, se requiere una deliberación colectiva, que sirva de fundamento a la formación de una voluntad colectiva.

“El hombre individualmente, separadamente, no podrá consagrarse al estudio, al conocimiento de los problemas sociales y de las soluciones más adecuadas a esos problemas.

“Se requiere una actividad cooperativa, una actividad de grupo, una actividad orgánica, para lograr ese conocimiento, para lograr esa deliberación que exige que los distintos grupos, con diferentes tendencias, 

"partiendo de diversos principios, formulen o elaboren las soluciones a los problemas sociales, confronten esas soluciones y, de este modo, las presenten al pueblo;

“y pueda entonces cada uno de los ciudadanos elegir con conocimiento de causa, tomar una decisión con conocimiento de causa...

La función o las funciones más importantes de los partidos políticos verdaderos, son éstas: organizar el cumplimiento de los deberes y el ejercicio de los derechos políticos de sus afiliados;

“servir como órganos de opinión pública, como escuelas de formación de políticos teórico-prácticos

“(porque los políticos no se pueden formar a base del conocimiento exclusivo de las teorías políticas; requieren la aplicación de esas teorías y para la aplicación de esas teorías no hay escuelas, las únicas escuelas son los partidos políticos; 

"sólo participando en la política, afiliados a un partido, se aprende la práctica de la política, de otro modo todo será mera teoría o especulación);

“investigar, estudiar y formular soluciones orgánicamente, a través de debates públicos, respecto de los problemas nacionales; ser auxiliares de las autoridades en los procesos electorales y organizar la participación de los ciudadanos en esos mismos procesos.

“Además, ejercer la sanción política, con la cual destruyen el cesarismo o contienen e impiden los abusos del poder”.[5]

Socialización y progreso humano


Conviene advertir que no toda socialización es compatible con el progreso humano.

Entendiendo como progreso humano el desarrollo de la persona humana en su dimensión individual y en su dimensión social tanto en lo material como en lo cultural y espiritual.

En los estadios incipientes de la socialización se echa de menos la economía de la producción en gran escala, el reparto de bienes y servicios también masivamente, se echa de menos la riqueza del crecer dando y recibiendo en el compromiso con los demás, se propicia la miseria de unos frente a la opulencia de otros,

se desperdicia tiempo, energías y otros recursos sin un programa conjunto de acción, se carece de la seguridad de las formas asociadas de responsabilidad, en pocas palabras, se priva al ser humano de los beneficios de su dimensión social.

En los estadios muy avanzados de la socialización se desperdician las iniciativas de los particulares, los frutos de la responsabilidad de los individuos y de sus grupos intermedios, el hombre se pierde en la masa y se hace dependiente en todo de la sociedad.

El verdadero progreso humano que implica un creciente incremento de bienes materiales, culturales y espirituales, equitativamente distribuidos entre todos y equitativamente producidos por todos, sólo es posible si la socialización no es tan poca que deje al hombre subdesarrollado ni tan amplia que convierta al hombre en un robot.

Ideologías y socialización


En parte conscientemente y en parte inconscientemente la socialización se da. Lo que significa que el hombre ha influido en las sociedades para que éstas en su desarrollo socio-económico se puedan catalogar según el grado más o menos alto de socialización.

Los pensadores formulan sus teorías y doctrinas. Los ideólogos con base en esas filosofías construyen los esquemas de lo que "debe ser" la vida social y más concretamente "el grado de socialización", o sea, crean ideologías.

Los políticos las implantan mediante leyes y el ejercicio del poder.

El liberalismo y el socialismo son ideologías opuestas, extremas. Uno y otro sistema traen como apoyo y como fundamento, una filosofía: un concepto del hombre, de la sociedad, del mundo, de lo trascendente.

La aplicación de estas filosofías a la socialización origina la ideología liberal y la ideología socialista.

La primera dice que se debe progresar --desarrollarse-- manteniéndose en los grados íntimos de socialización.

La segunda, el socialismo, dice que el progreso debe venir sólo con un alto, o muy alto grado de socialización.

Históricamente la ideología liberal apoyó el fenómeno social --grado ínfimo de socialización-- conocido como el capitalismo.

Las diversas ideologías socialistas han dado nacimiento a los diversos países y experimentas socialistas --altos grados de socialización-- que registra la historia moderna.

El pensamiento social cristiano tiene también un concepto de la persona, de la sociedad, del mundo y de lo trascendente.

Y este pensamiento presenta una ideología de lo social, que por lo que atañe a la socialización dice que ha de buscarse aquella socialización que favorezca el desarrollo completo de la persona humana --individual y social, libre y responsable-- mediante la solidaridad en la búsqueda y reparto del bien común, teniendo en cuenta siempre el principio de subsidiaridad.

O sea, que el incremento de relaciones sociales con sus formas societarias sea tal que permita al individuo ejercitar su iniciativa, su libertad, su responsabilidad, que le ayude a que por sí mismo sea el artífice de su promoción, y que le supla cuando y cuanto por sí mismo no pueda.

Por tanto, tanta socialización cuanta ayude a la promoción humana y no más ni tampoco menos.

Es el modelo propugnado por muchos movimientos de inspiración cristiana.

Al lado de estas tres posiciones --mínima socialización, socialización equilibrada y máxima socialización --hay una inmensa variedad de hechos históricos, naciones, que sin adherirse a ninguna de las anteriores ideologías pueden catalogarse en grados más o menos alejados de la socialización equilibrada y que se acercan poco o mucho a los extremos de la socialización.

Son las "economías mixtas", que toman de las categorías sociales combinaciones diversas, mezclando lo público y lo privado, libertad y seguridad, propiedad y trabajo, producción y consumo, vida rural y urbanización, mercado libre y planeación, estado respetuoso de la iniciativa privada y más o menos interventor, preocupación por la justicia conmutativa y también por la social, coexistencia de la empresa privada y la empresa pública, y licitud o fomento de los organismos intermedios.

Todo en grados diversos, por eso se da esa multitud de "economías mixtas".

Sobre estos países, cuando se inclinan de tiempo en tiempo a apartarse más de la socialización equilibrada al extremo de la socialización máxima, siempre queda la duda bien fundada si el propósito de sus políticos u hombres públicos sea llegar al extremo, en virtud de una ideología de socialismo o sólo se trate de un pragmatismo corregible cuando la experiencia demuestre que por ahí no se puede llegar a un desarrollo verdaderamente humano.

Algunas socializaciones socialistas


Al lado de los países de socializaciones no socialistas, hay otros en que sus dirigentes políticos han tratado de realizar la ideología socialista.

Si bien no han llegado a la máxima socialización, sí sus dirigentes han profesado el "socialismo", o sea, que sí pretenden llegar a la máxima socialización.

La URSS fue uno de estos países con un totalitarismo estatal que se extendió a lo político, a lo económico y a lo cultural.

Casi otro tanto puede decirse de los países que oficialmente profesaron el socialismo como Polonia, Alemania Oriental, Checoslovaquia y Hungría.

China puso la autoridad de planeación y control en manos de organismos de provincias y condados, quedando sólo algunas empresas bajo control nacional, en la década de los sesenta.

Desde 1970 se fue acabando la anarquía en la producción. La planificación partió de las unidades de producción hacia arriba y de los altos organismos baja hasta estas unidades con sus enmiendas, en vista del plan total.

Al impulsar la producción agrícola en comunas, la socialización por lo que respecta a la propiedad especialmente en el campo fue más radical que en la URSS. Actualmente sigue teniendo un Estado totalitario

Otras socializaciones no socialistas


Suecia: es un país en que la socialización tiene un alto grado, sin embargo, no se pretende llegar al máximo de socialización.

Por lo que toca a la industria, según datos de 1974, el 98 por ciento no era cooperativista, sino que de esta cifra, el 6 por ciento era administrado por los propios trabajadores, pero no colectivamente, y el 92 por ciento era empresa privada.

Pero en el aspecto de la distribución si hay mucha socialización, así como en lo que toca a las medidas de seguridad social.

El aspecto cooperativo de la producción donde más avanzado está es en el campo.

Con estos rasgos basta para ver que Suecia es un fenómeno de economía mixta, con renglones altamente socializados, pero no un país cuya ideología sea el socialismo.

Por eso no puede decirse que sea el caso de una socialización socialista.

Israel: en la producción rural existe la propiedad individual y también las formas colectivas de propiedad; de acuerdo con datos de 1974, en la industria y en la distribución las empresas privadas predominaban con un 90%, pues los trabajadores mismos contribuían con un 8% y sólo las formas colectivas abarcaban el 2%.

Tampoco es pues un caso de socialización socialista.

Conclusión sobre el concepto de socialización

Quede pues bien claro que una cosa son las ideologías y otra muy distinta los fenómenos históricos, reales.

Con frecuencia, casi siempre, los fenómenos históricos sociales son fruto de la aplicación consciente o inconsciente, libremente o por la fuerza, de las ideologías.

En este sentido puede decirse que el liberalismo como ideología avaló el fenómeno histórico llamado capitalismo y que los socialismos como ideologías han tratado de crear las sociedades socialistas.

En el capitalismo las categorías sociales, dado lo raquítico de las relaciones sociales, se inclinaban hacia la protección máxima del individuo dejando de lado su dimensión social; en las sociedades socialistas se da un impulso hacia la protección de la comunidad con mengua de la dimensión personal del ser humano.

Entre las dos ideologías extremas hay una ideología equilibrada, porque se basa en un concepto completo del hombre, es la ideología inspirada en el pensamiento social cristiano.

Entre los fenómenos históricos del capitalismo y de las sociedades socialistas hay una realidad histórica que empieza a emerger y que sería la sociedad solidaria, verdaderamente humana.

Así como entre las ideologías que se apartan del centro de equilibrio hacia el liberalismo hay acentuación más o menos marcada del individuo con más o menos olvido de su proyección social; así entre las ideologías que se apartan del centro de equilibrio hacia el socialismo hay acentuación más o menos marcada de la sociedad con más o menos olvido del valor personal del individuo.

En el primer caso, los fenómenos sociales históricos derivados de esas ideologías se podrían llamar "mixtos" con fuerte dosis de capitalismo y en el segundo caso, los fenómenos sociales históricos derivados de las otras ideología., se podrían llamar también "mixtos" con fuerte dosis de régimen socialista.

Finalmente, no hay que olvidar que detrás de las ideologías están las filosofías. Y que el puente entre las ideologías y las realizaciones históricas lo tienden los hombres políticos, los hombres de acción.

Queda pues en manos de estos, la gran responsabilidad el compenetrarse bien de las bases filosóficas de su ideología, para formar una sociedad justa, humana, equilibrada y solidaria, en que al hombre se le respete e su doble dimensión, la individual y la social, ya que sólo así pueden darse las condiciones de convivencia a la medida del hombre.

Por su parte, el Padre Jaime Vélez Correa, S.J., concluye que:

“la personalización o promoción de la persona hoy es tema que busca reivindicar lo personal, es decir, los atributos de una conciencia libre y con derechos;

“a la vez la socialización, hoy busca asociar a los hombres e integrarlos entre sí, no para absorberlos, sino para perfeccionarlos...

“Además, esta socialización es un proceso libre en el sentido de que el hombre tiene el poder de asumir esa tendencia y darle su verdadero sentido, humanizándola.

“Pero a su vez esa socialización tiende hacia la personalización, pues así como en el pasado la evolución tendía a la unificación, a la centralización y a la espiritualización, hoy la humanidad, después de expandirse, busca organizarse trascendiendo toda frontera política, económica e intelectual,

“y busca centrarse, pues cada vez se esfuerza más por volverse sobre sí y reflexionar; finalmente busca espiritualizarse, pues cuanto más se unifique y se centre, más crece el deseo de conocer, descubrir o investigar e inventar.

“Así pues, la socialización de la humanidad, hecho incontrovertible, es fruto de la llamada por Aristóteles tendencia natural de sociabilidad, y que consiste en aumento del sentido social, que connota el proceso sociológico de multiplicarse más y más las relaciones de convivencia.

“Así tenemos la proliferación de grupos y asociaciones por edades, profesiones, no sólo en el seno de la sociedad, sino aun a nivel internacional”.[6]

Es por tanto necesario y natural alcanzar la globalización de la solidaridad.

La Economía Social de Mercado

“La Economía Social de Mercado (ESM) es un orden social, económico y político integrado, inspirado en la Doctrina Social de la Iglesia (DSI) y centrado en el hombre, en el que, a diferencia del neoliberalismo, la política económica y la política social son simultáneas”.[7]

La ESM ha sido aplicada con éxito en varios países de la Europa Continental y se contrapone a las economías socialistas de planeación y a las formas de economía de tendencia liberal.[8]

Es una auténtica tercera vía porque, a diferencia de la pragmática “tercera vía” de Tony Blair y de Anthony Giddens, la ESM se fundamenta en los valores éticos trascendentes y universales proclamados por la Doctrina Social de la Iglesia.

Además, entre los sistemas de mercado, la ESM ha obtenido mejores calificaciones que el sistema anglosajón.[9]

El respeto a los Principios Éticos de Dignidad de la Persona Humana, Solidaridad, Subsidiariedad y Bien Común, constituyen el fundamento de la ESM, para lograr una auténtica economía al servicio del hombre.[10]

Principios constitutivos

Sistema de precios de “competencia perfecta”. Esta debe ser la tendencia del sistema de precios, lo cual sólo es posible si en todo mercado hay muchos oferentes y muchos demandantes.

Estabilidad de la moneda. El valor del dinero tiene que permanecer estable. El afianzamiento del valor del dinero no debe estar en manos de instancias políticas. La estabilidad de la moneda debe estar garantizada por un banco central independiente del gobierno.

Libre acceso a los mercados. Los mercados deben ser abiertos. No debe haber barreras para entrar a ellos, ni acuerdos para la formación de trusts, de cárteles o de monopolios.

Libertad contractual. El libre contrato es un requisito indispensable para la competencia, sin embargo, el Estado puede intervenir para evitar abusos en la libre contratación, y garantizar la justicia social.

Propiedad privada con función social (hipoteca social). La base de la ESM es la propiedad privada de los medios de producción subordinada al Principio del Destino Universal de los Bienes (Cogestión).

PLENA RESPONSABILIDAD. Los actores económicos pueden y deben buscar su legítimo beneficio económico, con moderación y subordinado al Bien Común, lo cual incluye el cuidado del medio ambiente (ecología).

El Papa Juan Pablo II nos recuerda que hay

“una urgente necesidad de educar en la responsabilidad ecológica: responsabilidad con nosotros mismos y con los demás, responsabilidad con el ambiente...

“La verdadera educación de la responsabilidad conlleva una conversión auténtica en la manera de pensar y en el comportamiento.... La primera educadora, de todos modos, es la familia, en la que el niño aprende a respetar al prójimo y a amar a la naturaleza...

“No se debe descuidar tampoco el valor estético de la Creación.[11]

“El contacto con la naturaleza es de por sí profundamente regenerador, así como la contemplación de su esplendor da paz y serenidad...

“Hoy la cuestión ecológica ha tomado tales dimensiones que implica la responsabilidad de todos.

“Los verdaderos aspectos de la misma, que he ilustrado, indican la necesidad de esfuerzos concordados, a fin de establecer los respectivos deberes y los compromisos de cada uno: de los pueblos, de los Estados y de la comunidad internacional.

“Esto no sólo coincide con los esfuerzos por construir la verdadera paz, sino que objetivamente los confirma y los afianza... La crisis ecológica – repito una vez más – es un problema moral”.[12]

Por tanto, para alcanzar un auténtico desarrollo sustentable se requiere de la solidaridad entre generaciones para cuidar y conservar la ecología de la Creación de Dios.

Por otra parte, los sindicatos, tanto los de trabajadores como los de empleadores, al igual que los demás organismos intermedios, son libres, e independientes tanto del gobierno como de partidos políticos.

Constancia de la política económica. Debe ser una política económica que garantice el bienestar para todos. 

Las reglas en constante variación, por ejemplo en materia de impuestos, de contribuciones o de cálculos de contabilidad, etc., disminuyen la capacidad y la disposición de las empresas para invertir y para competir con el extranjero.

Principios reguladores

Intervención del Estado para evitar monopolios. El Estado debe impedir la formación de monopolios por medio de una política de competencia.

El Estado previene o desmantela monopolios estatales y privados; puede hacerlo mediante la apertura comercial, la legislación anti-cártel y anti-monopolio, o mediante una política activa de promoción y de protección a la micro, pequeña y mediana empresa, para que no estén expuestas a las decisiones de las grandes empresas.

Si por razones técnicas un monopolio llegara a ser inevitable, entonces deberá ser controlado por un organismo inspector independiente.

Política de corrección en la distribución del ingreso. Los dos instrumentos más poderosos para llevarla a cabo son: impuestos progresivos sobre la renta de personas y de empresas, y un sistema de seguridad social.

En el caso del primer instrumento, el porcentaje del impuesto sobre la renta aumenta con los ingresos.

En cuanto al segundo instrumento, el seguro social es financiado en su mayor parte por los empleadores y por los trabajadores, y en menor proporción por el Estado, a fin de que no signifique un peso excesivo sobre el gasto público.

“Estos sistemas de seguridad social son, desde un punto de vista de justicia distributiva, una expresión de solidaridad de los que tienen empleo, con los que no lo tienen (por vejez, desempleo, enfermedad o invalidez) y desde el punto de vista macroeconómico, un ‘estabilizador automático’ de la demanda interna, al conservar el poder adquisitivo de los que perdieron su empleo”.[13]

Reglamentación del trabajo. En la ESM existen leyes que limitan el día y la semana de trabajo, que prohíben el trabajo de menores de edad, que protegen a la mujer embarazada en el trabajo, y que previenen la contaminación del ambiente, entre otras cosas.

Las empresas, con base en el Principio de la Dignidad de la Persona Humana, están obligadas a contratar un cierto porcentaje de discapacitados, los cuales llegan a desempeñar su trabajo con mayor eficiencia en ciertas áreas.

Salario mínimo remunerador. La ESM garantiza un ingreso mínimo acorde a la dignidad humana y familiar, mediante el salario mínimo constitucional (efectivo en la realidad) o mediante ayudas sociales a quienes no devenguen dicho mínimo.

Rebasado el mínimo, los salarios remuneradores se negocian libremente entre sindicatos de trabajadores y de empleadores (gremios), sin la intervención gubernamental. En caso de huelga, tribunales laborales (autonomía del poder judicial)  resuelven el conflicto.

La participación en la empresa. La ESM busca la participación de los trabajadores y de los empleados en la empresa.

Al referirse a las exitosas experiencias de cogestión en Alemania Occidental y en otros países de Europa Libre en la década de los sesenta, el Dr. Manuel Loza Macías distingue los grados de participación activa del obrero en la empresa:

1) información

2) derecho de discusión

3) derecho de deliberación

4) derecho de colaboración

5) derecho de decisión.[14]

Con estos presupuestos, la ESM logra hacer efectiva la participación en la empresa por medio de tres instrumentos:

a) la participación en la producción, por medio del trabajo responsable en circunstancias adecuadas

b) la participación de los trabajadores en las utilidades de las empresas, haciendo co-accionistas a los propios trabajadores, es decir co-propietarios; la participación en la gestión de la empresa, por medio de diferentes canales de co-gestión.

En cuanto al aspecto económico-social de la cogestión, se nota la ventaja de la realización de un importante aspecto de una economía al servicio del hombre, ya que se reconoce tanto al asalariado, como al empresario, su dignidad de personas humanas, base de la justicia social.

Además, aumenta la productividad al haber una mayor motivación para el trabajo.

En Alemania Occidental, la ley sobre cogestión en el sector de la industria del carbón y del acero, fue promulgada en 1951.[15]

A partir de 1972 la cogestión [16] en varias formas obliga por ley en países como Suecia, Dinamarca, Noruega, Holanda, Austria y Luxemburgo.[17]  

Así, hablar de la ESM implica hablar de un orden económico libre con un orden político democrático, con un Estado de Derecho sólido y fuerte que garantice y promueva la libertad económica y la justicia social simultáneamente, con base en los Principios Éticos de la Doctrina Social Cristiana.

En la Proyección de Principios de Doctrina del PAN 2002 se expresa que:

“El mercado es condición necesaria para el desarrollo económico; pero no es suficiente para garantizar el sentido humano de la economía.

“En consecuencia, se requiere la acción rectora y rectificadora del Estado para atenuar las profundas desigualdades sociales de nuestro país”.

Además: “La búsqueda de un desarrollo sustentable debe tener dentro de sus más altas prioridades la eliminación de la pobreza de la generación actual”.

En efecto, el destacado economista y profundo conocedor de la realidad latinoamericana Richard Jacob afirma que:

“... los resultados u oportunidades de ganar en el “juego del mercado” no dependen solamente de la limpieza o justicia de las reglas de competencia, sino también de las condiciones de partida, sobre todo, de la distribución de los ingresos y del capital...

“Por eso, siempre existe la necesidad de redistribuir los ingresos y el capital a través de procesos fuera del mercado”.[18]

Además, el sabio Aristóteles, maestro de Occidente, enseñó en “La Política”, una de sus obras magistrales, que un factor clave para la estabilidad social y económica es la existencia de una numerosa CLASE MEDIA, pues cuando ésta supera en cantidad a los dos extremos – pobres y ricos – se eliminan los peligros de tensiones y de estallidos sociales.

Por ello es indispensable orientar el interés del Estado a la creación y defensa de una clase media próspera, porque excesiva riqueza y demasiada pobreza son extremos que no conducen a nada bueno.[19]

Finalmente, concluimos con Carlos Castillo Peraza sobre la responsabilidad social en una Economía Social y Ecológica de Mercado:

“Vistas así las cosas, distribuir la propiedad, compartir las decisiones, planear comunitariamente el trabajo en el seno de las unidades de producción, es dar vida concreta al destino común de los bienes materiales y, en el sentido exacto del término, hacer social la economía de mercado...

“Afirmamos asimismo, que para hacer social la economía, son necesarios cuerpos intermedios sanos, democráticos, autónomos frente al gobierno, frente al Estado, frente a los partidos políticos, y un Estado democrático, fuerte por democrático, 

"capaz de ser el ámbito desde el que se exige a personas y grupos sociales el cumplimiento de sus responsabilidades, y no sustituto de quienes deben cumplir éstas”.[20]

Léase en este mismo blog:

“Manuel Gómez Morín: 
Precursor de la Economía Social de Mercado en México”:



“La Economía Social de Mercado enjuicia a Ernesto Zedillo”:


NOTAS


[1] Manuel Gómez Morín. Informe a la VI Convención Nacional de Acción Nacional, rendido el 5 de febrero de 1948, en Manuel Gómez Morín, constructor de instituciones (Antología), Compilación y estudio introductorio de Carlos Castillo Peraza, Fondo de Cultura Económica, México 1994, p. 269
[2] Preciado Hernández, Rafael. Lecciones de Filosofía del Derechos, UNAM, México 1982, p. 91
[3] Gómez Morín, Manuel. Democracia en lo social y en lo económico, en González Luna, Christlieb Ibarrola, Preciado Hernández, Gómez Morín, González Torres. La Democracia en México, Colección Panorama No. 8, JUS, México 1962, pp. 98, 104-105
[4] Cf. Loza Macías, Manuel. Sacerdote jesuita. Graduado en Economía Política (Universidad Estatal de Nueva York), Doctor en Economía (Universidad Católica de Milán), Licenciado en Teología (Colegio Máximo de San Francisco de Borja, Barcelona), Doctor en Filosofía (UNAM), director del departamento de estudios económicos y sociales de la Unión Social de Empresarios Mexicanos (USEM).  Cf. Socialización y socialismo, en Revista USEM, Unión Social de Empresarios Mexicanos, julio-agosto, México 1974

[5] Preciado Hernández, Rafael. La Democracia en México: Democracia y Partidos Políticos, en Antología, EPESSA, México 1992, pp. 126-130
[6] Vélez Correa, S.J., Jaime. El Hombre: Un Enigma, Antropología filosófica, Colección de textos básicos para seminarios latinoamericanos, Vol. II, Conferencia del Episcopado Mexicano, CELAM, México 1995, pp. 241-242
[7] La Economía Social de Mercado y América Latina, en Palabra, Revista doctrinal e ideológica del Partido Acción Nacional, Año 5, No. 20, abril/junio, EPESSA, México 1992, p. 23
[8] Cf. Wagner Carlos. La tercera vía, en Palabra, Revista doctrinal e ideológica del Partido Acción Nacional, Año 12, No. 47, enero-marzo, México 1999, pp. 11-28
[9] Cf. Albert, Michel. Capitalismo contra Capitalismo, Editorial Paidós, México 1992
[10] Cf. Höffner, Card. Joseph. Sistemas Económicos y Ética Económica, Normas de Doctrina Social Católica, IMDOSOC, México 1987
[11] Cf. Sertillanges, O.P., A.D. La Idea de Creación, Progreso, México 1997
[12] S.S. Juan Pablo II. Paz con Dios Creador, Paz con toda la Creación, Mensaje para la celebración de la Jornada Mundial de la Paz, 1de enero de 1990
[13] Auping Birch, Dr. Juan. Entre Socialismo y Neoliberalismo, Una alternativa para América Latina, Fundación Konrad Adenauer (Edit.). Instituto de Proposiciones Estratégicas, IMDOSOC, México 1992,
p. 61
[14] Loza Macías, Dr. Manuel. A Propósito de la Encíclica Mater et Magistra, Colección Panorama No. 9, Editorial JUS, México 1963, pp. 141-145
[15] Cf. Lampert, Heinz. El orden económico y social de la República Federal de Alemania, Unión Editorial, S.A., Konrad Adenauer Stiftung, Madrid 1990
[16] Cf. Utz, Arthur F. La empresa como dimensión del mundo del trabajo: ¿ el trabajador como socio ?, Colección Humanum, Editorial Herder, Barcelona 1986
[17] Cf. Loza Macías, S.J., Manuel. Mensajes Sociales para el Mundo de Hoy, Unión Social de Empresarios Mexicanos (USEM), IMDOSOC, México 1992, p. 183
[18] Jakob, Richard. Política social en la Economía Social de Mercado. ¿Qué significa “social” en el concepto de Economía Social de Mercado?, en Contribuciones, revista trimestral de la Konrad Adenauer Stiftung, A.C., Centro Interdisciplinario de Estudios sobre el Desarrollo Latinoamericano (CIEDLA), julio-septiembre, Buenos Aires 1992, p. 88
[19] Cf. Hirschberger, Johannes. Historia de la Filosofía, Tomo I, Herder, Barcelona 1985, p. 213
[20] Castillo Peraza, Carlos. Empresarios, trabajadores y Estado mexicano, en Fundación Konrad Adenauer (Cooperación Internacional), México ante nuevos retos, México 1993, p. 110